Te escribí con el deseo único de que supieras todo lo que venia guardando.
Con gran precipitación te lo hice saber; me dejaste ausente y eso me hizo entender que tu actuar era cómplice de tu naturaleza, creí tontamente que podía transformarte, sin embargo hoy sin remedio alguno, puedo decir que fuiste como el aceite; de apariencia liquida separable e insoluble.
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